Documentos » Mapa de relaciones » Redes de la palabra: Pedro Lemebel y los talleres de Pía Barros

Pedro Lemebel (1952–2015) fue un escritor, cronista y artista visual clave de la cultura chilena contemporánea. En 1987, junto a Francisco Casas forman el colectivo Yeguas del Apocalipsis, que desarrolló un extenso trabajo en performance, fotografía, video e instalación, marcadamente político y disidente. Desde fines de los años setenta participó en talleres literarios de resistencia durante la dictadura, espacios donde encontró una comunidad creativa afín a su escritura. A partir de 1989 publicó crónicas en medios chilenos y extranjeros, afirmando una voz singular que fusionó cuerpo, memoria y disidencia sexual y de género. Entre sus obras más destacadas se encuentran «La esquina es mi corazón» (1995), «Loco afán» (1996) y «Tengo miedo torero» (2001). Recibió la Beca Guggenheim en 1999 y el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso en 2013. Su obra ha sido traducida a diversos idiomas, entre ellos inglés, alemán, italiano y francés.
Pía Barros Bravo (1956) es escritora, activista feminista, tallerista y editora, considerada una de las principales representantes de la generación de escritores de los años ochenta en Chile. Su obra se ha destacado especialmente en el cuento, abordando de manera recurrente el feminismo, el erotismo y lo social, y ha sido traducida a varios idiomas. Desde 1977 dirige los talleres Ergo Sum, desde los cuales fundó Ediciones Ergo Sum para publicar y difundir el trabajo de jóvenes escritoras y escritores por vías propias. Entre sus libros destacan «Miedos transitorios» (1985), «El tono menor del deseo» (1990) y «Signos bajo la piel» (1994), además de una treintena de libros-objeto realizados junto a destacados artistas gráficos. Su legado continúa hasta hoy a través de Editorial Asterión.
En el contexto de la dictadura civil militar chilena, los talleres literarios emergieron como espacios de resistencia cultural donde la palabra escrita actuó desde su propio frente. Ante el cierre de editoriales, la quema de libros y la represión generalizada, escritoras y escritores encontraron en estos espacios colectivos una forma de seguir creando, dialogando y publicando por sus propios medios. Más que instancias de formación literaria, fueron lugares de encuentro, reflexión y compromiso, donde lo colectivo se convirtió en una herramienta política y la colaboración entre sus integrantes en un acto de resistencia.
El Taller Soffia fue un espacio literario colectivo dirigido por la escritora Pía Barros para jóvenes escritoras y escritores en el Chile de los años ochenta. En 1978 adoptó su nombre proveniente de la calle Juan Antonio Soffia, donde se ubicaba la casona que los acogía —sin saber entonces que correspondía al nombre de un poeta, lo que con el tiempo le daría un sentido más profundo—. A lo largo de los años el taller transitó por distintos lugares, manteniendo sus reuniones semanales los días jueves. En ese ir y venir, pasaron muchas personas, algunas por años y otras por pocas sesiones, pero cada presencia dejó marca en un proceso colectivo donde los cuentos y textos se compartían abiertamente en un ejercicio de creación horizontal y comunitaria.
«Somos trece» es el primer ejemplar publicado por el Taller Soffia en 1981, una antología que recoge el proceso creativo colectivo dirigido por Pía Barros, reuniendo el trabajo de trece autores que encontraron en ese espacio un lugar donde crear y compartir. Más que un libro, también funciona como documento de presentación del taller y del trabajo que se realizaba en su interior, donde ya se asomaban voces que marcarían la literatura chilena, como la de Pedro Lemebel, quien aparece mencionado en estas páginas y publicaría en la segunda entrega del taller. El título nombra a quienes habitaron ese momento, aunque no todos alcanzaron a dejar sus textos, «como es el caso de Pedro Mardones, que partió una temporadita a Lima, con su bolso temucano, su aspecto hippie, y sin haber dejado los cuentos para este libro».
El Colectivo Ergo Sum nació en 1977 impulsado por Pía Barros desde la clandestinidad, como espacio de escritura creativa y resistencia en plena dictadura civil militar. A través de talleres literarios, reunió a jóvenes en un espacio de diálogo y toma de conciencia en torno a la escritura y el género, donde se desarrollaban principalmente cuentos y microcuentos que se convirtieron en el motor de Ediciones Ergo Sum, entidad encargada de publicar y difundir ese trabajo.
Lo que Ergo Sum producía no era un libros convencionales, sino libros-objetos. Con tiradas que no superaron los 500 ejemplares, sus publicaciones fueron confeccionadas de manera artesanal, con las propias autoras y autores participando en su elaboración física. Entrelazan narrativa e ilustración en formatos innovadores como trípticos, postales y cajas portátiles. Pensadas para distribuirse en las protestas contra el régimen, su difusión se sostuvo principalmente en el boca a boca, y con el tiempo comenzaron a comercializarse para financiar sus futuras ediciones.
Detrás de la ilustración de Ergo Sum había una red de dibujantes vinculados a revista La Castaña —dirigida por Jorge Montealegre, pareja de Pía Barros— que colaboraron de forma voluntaria y recibieron como retribución algunos ejemplares de los mismos libros-objetos que ilustraban.
Este mapa de relaciones se articula en torno a los talleres literarios dirigidos por Pía Barros en los que participó Pedro Lemebel durante la dictadura civil militar en Chile. Más que instancias pedagógicas, estos talleres operaron como territorios de resistencia cultural donde la escritura se sostuvo en el diálogo y la reflexión colectiva. El mapa busca dar cuenta de cómo estas experiencias incidieron en la obra temprana de Lemebel, relevando una dimensión menos conocida de su producción —la del cuento por sobre la crónica— y comprendiendo estos espacios no solo como lugares de circulación literaria, sino como territorios donde Lemebel comenzó a construir su propio lenguaje literario.
Investigación: Catalina Vega
Licenciada en Teoría e Historia del Arte por la Universidad Alberto Hurtado, donde actualmente cursa el Magíster en Estudios de la Imagen. Su trabajo se mueve en el cruce entre la investigación, el archivo y la circulación del arte. Ha participado en la catalogación de documentos de Pedro Lemebel, Paz Errázuriz, Lotty Rosenfeld, Nelly Richard, Eugenio Dittborn y Víctor Hugo Codocedo como parte de sus labores en D21 Proyectos de Arte. Actualmente continúa trabajando en el espacio y se desempeña como asistente personal de la fotógrafa Paz Errázuriz. Sus intereses de investigación se centran en la producción artística con perspectiva de género y conciencia sobre la vida animal.